El mundo sin Dios anda a tientas, buscando determinar lo que es bueno y es malo. Luego que se deciden en la moralidad de algo, las autoridades legislan. En este sentido, no es poco común que algo que se considera malo llegue a ser tan practicado que finalmente se vea como algo normal y aceptado.

Este artículo fue escrito originalmente para Coalición por el evangelio. 

Un ejemplo de esto es la piratería, por ejemplo de la música. Las autoridades y la sociedad han determinado que descargar o copiar un disco que tiene un costo, de manera gratuita y sin permiso del autor, es ilegal, y que tal delito debe ser sancionado. Pero la sensación de que “los sellos discográficos nos están robando”, unido a la increíble facilidad de ésta era digital de obtener todo gratis en un par de clics, hace que las personas obtengan toda la música que deseen sin pagar un solo dólar por ello, y sin ningún tipo de remordimiento. Es algo tan cotidiano que casi no se ve como algo malo. Lo triste de esto es que ha llegado a ser tan común la práctica de la piratería, que hasta los cristianos descargamos y copiamos música de contenido bíblico sin pagar, para luego alabar a Dios con ella.

Pero los cristianos no andamos a tientas. Para nosotros, más que los buenos valores o nuestra conciencia, lo que nos importa es la opinión de Dios. Podemos empezar observando que Dios nos manda a obedecer y someternos a nuestras autoridades:

Romanos 13:1
Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.

Leer Romanos 13 nos deja ver que las autoridades están ahí para vengar lo mal hecho. Por supuesto, no debemos someternos cuando esas leyes o mandamientos nos obliguen a desobedecer la Palabra de Dios. Por tanto viene la pregunta, ¿nos dice Dios algo respecto de la piratería y de obtener gratis algo que tiene un precio?

Éxodo 20:15
No hurtarás.

“Espera un poco, Daniel, ¿no estás siendo extremista? ¿Cómo vas a decir que piratear una canción es hurtar?”. El diccionario de la Real Academia Española define hurtar como “tomar o retener bienes ajenos contra la voluntad de su dueño, sin intimidación en las personas ni fuerza en las cosas”. Sin duda, cuando descargas una canción sin pagar, no estás poniéndole una pistola a alguien. Sin embargo, sí estás tomando bienes ajenos, contra la voluntad del dueño (si tuvieras su permiso, no tuvieras que piratearlo), aunque no estés intimidando a nadie. Dios nos dice que debemos obedecer a las autoridades y además nos dice que no debemos robar. La piratería, por muy común que sea, es un delito contra las autoridades y es un pecado contra Dios.

Dios no tolera el pecado, ¡ningún pecado! El pecado es tan horrendo que Cristo tuvo que morir en la cruz, y Dios el Padre derramó toda su ira sobre su Hijo unigénito, y así poder expiar la culpa del pecado y reconciliarnos con Dios. Quizás suene un poco fuerte, pero piratear música cristiana es hipocresía. Es usar algo obtenido de manera pecaminosa para adorar a un Dios santo. Y es hipocresía anunciar al mundo lo pecaminoso del pecado mientras nos gozamos en pecar.

En 1 Corintios 6 el apóstol Pablo da un listado de aquellos que no heredarán el reino de los cielos, entre los cuales incluye a los ladrones (y a los avaros: ¿no es cierto que en muchos casos pirateamos por avaricia?). Estas son palabras fuertes, pero ya vimos que piratear es hurtar: es robar. La buena noticia es que efectivamente, por medio de la obra redentora de Cristo, ahora somos reconciliados con Dios. El pasaje anterior continúa en los siguientes versículos dándonos esperanza y ánimo:

1 Corintios 6:11-12
Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.

Eso éramos antes, pero ahora ya no somos esclavos del pecado y, tal como dice Pablo, podemos evitar ser dominados por las cosas que no convienen y que no glorifican a Dios. Lo cierto es que yo no escribo esto porque siempre he comprado toda la música y nunca he tenido algo pirateado. Yo he tenido una difícil lucha, pero el Espíritu Santo me fue convenciendo de pecado más y más. Mi lucha contra la piratería ha concluido con una decisión radical: eliminar toda la música que no compré. En un primer momento quedé tan solo con 2 discos, pero fui reconfortado y lleno de gozo por haber obedecido a Dios.

Ahora, es cierto que no tenemos dinero suficiente para comprar todo lo que quisiéramos. Pero quizás debamos mirarlo desde otra perspectiva: en vez de comprar todo, quizás debamos privarnos de ciertas cosas y priorizar. No se trata de gastar más, sino de tener menos.

Hagamos un esfuerzo y quitemos el pecado de delante de nosotros. Cristo nos ha lavado, santificado y justificado; ahora podemos y debemos vivir para la gloria de Dios en cada área de nuestras vidas. Debemos ser sal y luz en el mundo, marcando una diferencia al obedecer a la Palabra de Dios y someternos a las autoridades.

Antes de concluir, les daré una pequeña ayuda para lidiar con los pocos discos que les puedan quedar. Existe un servicio online llamado Spotify, el cual es completamente gratis para escuchar de manera aleatoria, sea por artista o por disco. Pueden buscar música cristiana o cualquier otro estilo de música y escuchar su discografía. Todo de manera gratis, legal y sin hurtar.

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